Calaveritas literarias: origen, ejemplos y cómo escribirlas

Cada noviembre, la Muerte sale de paseo por México. Se aparece en los periódicos, en los salones de clase, en los grupos de mensajes de la familia. Va buscando a la maestra, al vecino, al político de moda, al primo que nunca llega a tiempo, y a cada uno le dedica unos versos antes de llevárselo. Nadie se asusta: todo el mundo se ríe. Son las calaveritas literarias.

Una calaverita literaria es un poema corto y burlón, casi siempre en estrofas de cuatro versos de ocho sílabas, en el que la Muerte viene por alguien que está vivo y se ríe de sus manías. Se escriben para el Día de Muertos. Como género, se suele situar su origen en la prensa y la imprenta popular del siglo XIX. Abajo están su historia, ejemplos para niños y cómo escribir una en cuatro pasos.


¿Qué es una calaverita literaria?

Un poema con tres reglas de juego:

  1. La Muerte llega por alguien. La «Calaca», la «Flaca», la «Pelona»: tiene muchos nombres. Viene a llevarse a una persona real, que está viva.
  2. Se ríe de esa persona. De lo que le gusta, de lo que siempre hace, de lo que todos le conocen. Ese es el chiste: frente a la muerte, todas las personas somos iguales, y se vale reírse un poco de todas.
  3. Rima. Casi siempre en cuartetas (estrofas de cuatro versos) de ocho sílabas cada verso.

La historiadora Grecia Monroy Sánchez, de la UNAM, lo resume así: las calaveras pueden escribirlas «cualquier persona que quiera burlarse de sus amigos, familiares o algún personaje público de actualidad», y hoy siguen vivas en buena parte gracias a la escuela, los concursos y la prensa.


¿Cuándo apareció la primera?

Depende de a quién le preguntes, y vale la pena contarlo con cuidado.

Lo que se repite en muchas páginas: que la primera calaverita se publicó en el periódico El Socialista, de Guadalajara, en 1849. Otras páginas dicen 1879. Ninguna muestra el ejemplar, y en las fuentes académicas que revisamos no aparece. Puede ser cierto; por ahora es un dato que se copia de página en página sin que nadie haya enseñado el periódico.

Lo que se sabe, con documentos:

CuándoQuéQuién lo documenta
Siglo XVIIIJoaquín de Bolaños publica La portentosa vida de la Muerte, un libro en el que la Muerte es personaje. Ya asoman rasgos de las calaverasMonroy Sánchez, citando a Gutiérrez y López Casillas
1835 y 1836Dos impresos con grabados de esqueletos que actúan como personas, en fechas de Todos Santos. La historiadora Montserrat Galí los ve como antecedentes; Monroy Sánchez apunta que están en prosa y que todavía no son calaveras propiamente dichasGalí 2013; Monroy Sánchez 2025
1847Sale en la Ciudad de México un periódico ilustrado llamado El CalaveraStanley Brandes, antropólogo de la Universidad de California
Desde la década de 1870Escribir calaveras contra los políticos ya es práctica común en la prensa satíricaRafael Barajas Durán, citado por Monroy Sánchez
1880–1917La imprenta de Antonio Vanegas Arroyo, en la Ciudad de México, publica calaveras en hojas sueltas, baratas, con grabados. Aquí el género se fijaMonroy Sánchez, como hipótesis de trabajo
HoySe escriben en la escuela, en concursos y en los periódicosMonroy Sánchez

Así que la respuesta honesta es que las calaveritas se fueron formando durante el siglo XIX, entre periódicos burlones, hojas sueltas y el teatro de la época: las representaciones del Don Juan Tenorio, con sus escenas de cementerio, también pudieron influir. Y tienen raíces mucho más viejas: las danzas de la muerte medievales, donde la Muerte baila con reyes y campesinos por igual.


¿Qué tuvo que ver José Guadalupe Posada?

Mucho, aunque no escribía los versos.

Posada era grabador. Trabajaba para la imprenta de Vanegas Arroyo haciendo las imágenes: esqueletos que bailan, que andan en bicicleta, que se visten de gala. Las hojas de calaveras llevaban un grabado grande y los versos alrededor. Algunos grabados se hacían para la ocasión y otros se reutilizaban de hojas anteriores.

¿Y los versos? Los escribían otras personas de la imprenta, y casi nunca firmaban. Monroy Sánchez revisó dieciséis de esas hojas: la mayoría dice el año, y ninguna dice quién las escribió. Tenían entre 15 y 50 estrofas, en cuartetas, y los versos siempre eran de ocho sílabas.

La calavera más famosa de Posada, la que hoy llamamos Catrina, salió en una de esas hojas en 1913. Esa historia, con su nombre y su vuelta al mundo, tiene su propio artículo.


Ejemplos de calaveritas para niños

Tres escritas en esta casa, para que se vea cómo funcionan. Todas en cuartetas de ocho sílabas.

Para la maestra

La Muerte llegó a la escuela
buscando a doña Inés,
pero ella puso tarea:
y ahora cuenta hasta diez.

Para el hermano que siempre tiene hambre

A mi hermano comelón
la Calaca fue a buscar;
comiendo un gran chicharrón,
y se quedó a merendar.

Para quien la escriba (para completar):

A ________, que siempre ________,
la Flaca vino a llevar,
pero ________ ________
y se tuvo que ________.

Fíjate en el truco de las dos primeras: la Muerte llega con toda su seriedad y termina atrapada en la costumbre de la persona. Ese giro es el chiste.


¿Cómo se escribe una calaverita paso a paso?

1. Elige a quién. Alguien que conozcas bien: tu abuelo, tu maestra, tu perro, tú. La calaverita se escribe con cariño; la broma es para reír juntos.

2. Haz una lista de sus manías. Qué le gusta comer, qué dice siempre, qué hace cuando se enoja, a qué juega. Esa lista es la mina de rimas.

3. Imagina el encuentro. La Muerte llega por esa persona y… algo pasa: se distrae, se queda a jugar, le toca hacer fila, termina haciendo la tarea. El final gracioso sale de la lista del paso 2.

4. Rima y cuenta. Escribe cuatro versos. Riman el primero con el tercero y el segundo con el cuarto (o el primero con el cuarto y el segundo con el tercero). Para contar las sílabas, aplaude cada una: la-Muer-te-lle-gó-a-la es-cue-la. Dos trucos:

  • Cuando una palabra termina en vocal y la siguiente empieza con vocal, se cuentan juntas: lle-gó a suena lle-góa.
  • Si el verso termina en palabra aguda, como Inés o diez, se cuenta una sílaba de más.

La primera versión casi nunca sale redonda: se lee en voz alta, se cambia una palabra, y otra vez.


¿Cómo usarlas en el salón de clases?

Una sesión de 50 minutos, de tercero de primaria en adelante:

  1. Leer en voz alta dos calaveritas y adivinar de quién se burlan (10 min).
  2. Contar sílabas con palmadas, todo el grupo junto, con los versos de los ejemplos (10 min).
  3. Escribir en parejas, con la cuarteta para completar: cada pareja elige a un personaje de un cuento que hayan leído en clase, así nadie del salón queda en la mira (20 min).
  4. Galería de calaveritas en la pared o en la ofrenda del salón (10 min).

Lo del personaje de cuento es un atajo que funciona: deja todo el juego y evita que alguien se sienta señalado.


Preguntas

¿Es de mal gusto burlarse de la muerte? Es una tradición con más de un siglo, y su sentido es justo el contrario: recordar, con humor, que la muerte nos iguala a todos. Lo que sí conviene cuidar es que la broma no lastime a nadie.

¿Tienen que ser de ocho sílabas? Es la forma más común y la que suena a calaverita. Hay calaveras con otras medidas; para empezar, las de ocho son las más fáciles de rimar.

¿Se pueden escribir sobre personas que ya murieron? La tradición las dedica a personas vivas: la gracia es que la Muerte venga por alguien que está aquí. Para recordar a quienes ya se fueron está la ofrenda.


Fuentes

  • Grecia Monroy Sánchez, «Muerte, política y sátira en la imprenta popular mexicana: las calaveras del porfiriato a la revolución», Caracol (Universidade de São Paulo), n.º 29, 2025, pp. 442–476. doi:10.11606/issn.2317-9651.i29p442-476 (acceso abierto). Las referencias de este artículo están en las pp. 448–452.
  • Stanley Brandes, «Iconography in Mexico’s Day of the Dead: Origins and Meaning», Ethnohistory 45, n.º 2, 1998, pp. 181–218. Acceso abierto en eScholarship. El Calavera (1847), p. 202.
  • Citados por Monroy Sánchez: Rafael Barajas Durán, Posada, mito y mitote (FCE, 2009); Montserrat Galí Boadella, «De romances, relaciones y otras hojas volantes…», en Posada. 100 años de calavera (Fundación BBVA / RM, 2013); Herón Pérez Martínez, «La sátira popular mexicana. Las calaveras» (El Colegio de Michoacán, 2015).

Escrito por el Equipo Editorial de Idunn, con apoyo de herramientas de IA en la investigación y el borrador.

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