Calaveritas literarias para maestros y maestras

Las calaveritas literarias para maestros son los versos que alumnos y colegas le dedican a un docente en Día de Muertos: la Muerte llega por la maestra y acaba atrapada en su clase. Aquí hay diez, tres de ellas de cuatro estrofas, que en muchas escuelas también se llaman calaveras literarias. Todas se pueden adaptar cambiando el nombre.

De cuatro estrofas, para leer en voz alta

Para la maestra de matemáticas

La Flaca llegó al salón
buscando a doña Lupita,
la maestra de las cuentas,
que en su lista estaba escrita.

—Muéstrame el procedimiento
—le dijo sin levantar
la vista de su cuaderno—;
sin él, no te dejo entrar.

La Muerte sacó su cuenta:
un difunto más, dos menos…
y al llegar a las fracciones
se le trabaron los frenos.

Hoy la Flaca está sentada
en la fila de hasta atrás,
con tarea para el lunes
y sin recreo, además.

Para la directora

A la directora Carmen
la Pelona fue a buscar,
pero estaba en una junta
y se tuvo que esperar.

Luego le pidió un oficio
con copia y sello de entrada,
dos firmas, una constancia
y la carta membretada.

La Flaca llenó el formato
con su letra más bonita,
pero le faltó la firma
y ahora pide otra cita.

Y así sigue la Pelona,
haciendo fila en la puerta,
la directora, en su junta,
y la escuela, bien despierta.

Para el profe de educación física

El profe Toño corría
con su silbato en la mano
cuando llegó la Calaca
a llevárselo temprano.

—¡Veinte vueltas a la cancha!
—le gritó sin saludar—,
¡y cincuenta sentadillas
antes de ir a descansar!

La Flaca, que es puro hueso,
dio tres vueltas y paró;
se le zafó una costilla
y en la banca se sentó.

Ahora la Muerte entrena
con el grupo de tercero,
y dice que al otro mundo
se va con todo y trofeo.

Cortas, una por materia

Para la maestra de español

A la maestra Rosita
la Calaca le escribió;
le devolvió la cartita
y la Muerte reprobó.

Le faltaban los acentos
y le sobraba una coma,
y la Flaca, avergonzada,
borra y borra con su goma.

Para la maestra de inglés

La Calaca vino en busca
de Miss Paty, la de inglés;
ella la hizo repetir
y se quedó hasta las tres.

Hoy la Flaca dice «sorry»
cuando se lleva a un doctor,
y en vez de «me voy», le dice:
«¡See you later!», por favor.

Para la maestra de ciencias

A la maestra de ciencias
la Muerte vino a buscar,
y le mostró un volcancito
que hizo a la Flaca volar.

Para el maestro de música

Al maestro de la flauta
la Calaca fue a llamar;
él tocó «Las mañanitas»
¡y hasta la Flaca a bailar!

Tanto brincó la Pelona
que se le cayó el sombrero,
y en la banda del salón
la Flaca toca el pandero.

Para el profe de computación

Al profe Beto, el de compu,
la Pelona lo buscó;
le pidió su contraseña
y el profe no la encontró.

Entre colegas, para la sala de maestros

Para la maestra que siempre hace el café

A la sala de maestros
la Flaca llegó por Chelo,
pero Chelo hizo café
y se lo sirvió con hielo.

Y entre chisme y galletita
se les pasó la mañana;
la Flaca olvidó su lista
y volvió la otra semana.

Para el que nunca suelta la copiadora

La Muerte fue por Gabriel,
dueño de la copiadora;
la Flaca llegó con su hoja
y lleva en la fila una hora.

¿Cómo se arma una calaverita de cuatro estrofas?

Cuatro estrofas son una historia pequeña, y cada una tiene su trabajo. En la de la maestra de matemáticas se ve completo: la llegada, donde la Flaca entra al salón y dice a quién busca; la manía, donde la maestra hace lo que siempre hace, que es pedir el procedimiento; el intento, en el que la Muerte trata de cumplir y se enreda en las fracciones; y el remate, que la deja castigada en la última fila. El chiste llega en la cuarta, y por eso la tercera tiene que dejarla lista para caer.

Para cambiar el nombre, busca uno con el mismo número de sílabas y el mismo acento. Lupita se cambia por Anita o Rosita sin tocar nada más; Carmen por Laura o Marta. Si el nombre está al final del verso, como en «buscando a doña Lupita», tiene que rimar con el verso de su pareja, y a veces conviene moverlo al principio. Los cuatro pasos para escribir una desde cero están en calaveritas literarias: origen, ejemplos y cómo escribirlas.

Preguntas

¿Se le puede dar una calaverita a la maestra?

Es de las tradiciones más queridas del salón en noviembre, y a casi todos los docentes les gusta recibirla. Funciona mejor cuando la broma sale de algo que la maestra hace en clase, como pedir el procedimiento o dejar tarea, y se queda lejos de su aspecto o de su vida personal.

¿Y si el nombre de mi maestro no rima con nada?

Pásalo al principio del verso, donde no tiene que rimar: «Al profe Beto, el de compu» funciona con cualquier nombre de dos sílabas. La rima se queda para la palabra del final, que puedes escoger tú.

¿Hay para otras personas?

Hay calaveritas cortas, para niños y para la escuela, chistosas y para amigos.

Escrito por el Equipo Editorial de Idunn, con apoyo de herramientas de IA en la investigación y el borrador.

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