Calaveritas literarias para niños: escolares y para la familia

Las calaveritas literarias para niños son cuartetas cortas y burlonas en las que la Muerte llega por alguien del salón o de la casa y termina atrapada en su costumbre. Aquí hay doce, escritas por nosotros: tres muy sencillas para preescolar, cuatro para primaria y cinco para la familia. En muchas escuelas se les llama también calaveras literarias.

Se pueden leer en voz alta, copiar para la ofrenda del salón o usar de modelo para escribir la propia. Cada una lleva arriba a quién va dedicada, porque en una calaverita eso es la mitad del chiste.

Para preescolar: calaveritas de seis sílabas

Para quien apenas empieza a leer, conviene un verso más corto que el de siempre. Estas tres tienen seis sílabas por verso en lugar de ocho, riman fácil y caben en una sola respiración, así que se aprenden de memoria en un par de repeticiones.

Para mi gato

La Flaca llegó
por mi gato Tom;
se durmió en su capa
¡y ronca un montón!

Para mi osito de peluche

La Pelona quiso
llevarse a mi osito,
pero él la abrazó
y le dio un besito.

Para mí, que nunca me quiero dormir

Llegó la Calaca
a verme dormir,
pero yo jugaba
¡y se echó a reír!

Para primaria: calaveritas del salón

Desde primero o segundo de primaria ya se puede usar el verso de ocho sílabas, que es el de las calaveritas de toda la vida. Estas cuatro van para compañeras y compañeros inventados, con las costumbres que hay en cualquier salón: quien pide prestado, quien platica, quien juega futbol en el recreo y quien no suelta el libro.

Para el compañero que siempre pide prestado

Vino la Muerte por Beto
con su lista bien escrita,
pero Beto, muy discreto,
le pidió la tijerita.

Para la compañera que platica en clase

La Flaca llegó al salón
a llevarse a Valentina,
pero ella, en plena lección,
le platicó hasta la esquina.

Para el portero del recreo

En el recreo, la Pelona
vino por Toño, el portero,
pero él le pasó la bola
y hoy juega de delantero.

Para la que siempre está leyendo

Fue la Flaca por Sofía,
que leía sin parar,
y al final del primer día
se quedó a ver el final.

Para la familia: mamá, papá, la abuela y la mascota

Las calaveritas más queridas casi siempre son las que se escriben para alguien de la casa. Se leen en la sobremesa, se pegan junto a la ofrenda y, a veces, se guardan durante años. Aquí van cinco, para que sirvan de punto de partida.

Para mamá, que siempre está en junta

Por mamá vino la Flaca
con su capa y su reloj,
y mamá, que estaba en junta,
dijo: «Un rato, por favor».

Para papá, que todo lo arregla

La Calaca vino a casa
a llevarse a mi papá,
y él vio su guadaña chueca
¡y se la puso a arreglar!

Para la abuelita, que siempre da de comer

Fue la Flaca por mi abuela
con prisa y sin avisar,
y ella le sirvió en la mesa
pozole, arroz y tamal.

Para mi perro

Por Canelo fue la Muerte
justo a la hora del paseo,
y Canelo, muy contento,
la sacó a dar un rodeo.

Para mi hermanito, el preguntón

La Flaca vino por Leo
y Leo le preguntó:
«¿Por qué te ves tan huesuda?»,
y hasta hoy no respondió.

¿Cómo se escribe una calaverita para niños?

El truco está en elegir una costumbre que el niño vea todos los días. El gato que duerme en cualquier parte, la abuela que sirve un plato más, el hermano que pregunta todo: cuando la manía es conocida, el final se entiende solo y la risa llega sin explicar nada. Y conviene que en el último verso gane la persona, porque la Muerte sale de la calaverita un poco despistada, y esa es la parte que más les gusta a los niños.

Para rimar, ayuda decir la calaverita en voz alta y contar las sílabas con palmadas, como en un juego. Los cuatro pasos completos para escribir una, con los trucos para contar sílabas, están en calaveritas literarias: origen, ejemplos y cómo escribirlas, junto con una cuarteta con huecos lista para completar.

Para madres, padres y docentes: cómo acompañar la primera

La primera calaverita casi nunca sale sola, y eso está bien. En preescolar, lo más práctico es que el niño la dicte y un adulto la escriba; así puede concentrarse en la idea y en el chiste, que es lo suyo.

Antes de rimar, pregúntale por la persona: qué hace siempre, qué dice, qué le gusta. Esa lista es de donde saldrán los versos. Cuando la historia ya esté armada, pregunta «¿y qué pasó cuando llegó la Flaca?»; muchas veces la respuesta es el último verso tal cual.

Vale la pena dejar la rima imperfecta en el primer intento. Una calaverita que cuenta bien su historia y rima a medias se corrige en cinco minutos; una que rima perfecto pero perdió la gracia cuesta mucho más. Y un solo cuidado, que conviene decir en voz alta: la burla es sobre lo que la persona hace, nunca sobre cómo es su cuerpo o su casa.

Al final, la mejor parte es leérsela a quien va dedicada.

Preguntas

¿A qué edad se puede escribir una calaverita? Desde preescolar, dictándola, con versos cortos como los de arriba. Hacia segundo o tercero de primaria la mayoría ya puede escribirla sola en versos de ocho sílabas, con un poco de ayuda para contar.

¿Tienen que ser de ocho sílabas? Para primaria, es la medida que suena a calaverita y la que suelen pedir en la escuela. Para preescolar, el verso de seis sílabas funciona mejor: es más corto, rima más fácil y se recuerda completo.

¿Se puede escribir una sobre un compañero del salón? Se puede, si la broma es de las que la persona también disfrutaría. En grupo funciona muy bien usar personajes de un cuento leído en clase, así el juego queda completo y nadie del salón se siente señalado.

Más calaveritas

Si buscas otro tono, hay calaveritas literarias cortas, de una sola estrofa y fáciles de memorizar; calaveritas chistosas, para reír en la sobremesa; calaveritas para maestros, para el concurso de la escuela, y calaveritas para amigos. De dónde viene la tradición está contado en calaveritas literarias: origen, ejemplos y cómo escribirlas.

Escrito por el Equipo Editorial de Idunn, con apoyo de herramientas de IA en la investigación y el borrador.

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