La leyenda de Jack O’Lantern, y de dónde viene de verdad

Cuando la noche de Halloween se llena de calabazas encendidas, cada una con su sonrisa chueca y su vela adentro, pocas personas saben que esa luz tiene dueño. Se llama Jack. Cuentan que fue tan tramposo que engañó al mismísimo diablo, y que por eso anda desde entonces por los caminos, sin casa y sin descanso, alumbrándose con una brasa.

Esa es la leyenda de Jack O’Lantern, y viene de cuentos populares de Irlanda y Gran Bretaña. La versión más antigua que pudimos leer se publicó en 1894, y todavía no tenía nabo, ni calabaza, ni Halloween. Esas piezas se fueron sumando después, y la calabaza, curiosamente, es mexicana. Primero va el cuento, para leer en voz alta. Después, la historia que hay detrás.


¿Qué cuenta la leyenda de Jack O’Lantern?

Para leer en voz alta (de 6 a 10 años · unos cuatro minutos)

Hace mucho tiempo, en un pueblo de Irlanda, vivía un hombre al que todos llamaban Jack el Tacaño. No le prestaba nada a nadie, no invitaba nunca, y tenía una lengua tan rápida que salía de cualquier lío con una mentira nueva.

Una noche, en la taberna del pueblo, se le sentó al lado un señor muy elegante, con los ojos rojos como brasas. Era el diablo, que venía por él.

—Antes de irnos —dijo Jack, sin asustarse—, invítame una última bebida.

Al diablo le hizo gracia. Pero cuando llegó la hora de pagar, ninguno de los dos traía dinero.

—Tú que puedes todo —dijo Jack—, conviértete en moneda. Pagamos, y luego vuelves a ser tú.

El diablo, orgulloso, se convirtió en una moneda de plata. Y Jack, rapidísimo, la guardó en su bolsillo, junto a una crucecita que siempre llevaba. Atrapado junto a la cruz, el diablo no podía volver a su forma.

—¡Suéltame! —gritaba desde el bolsillo.

—Te suelto —dijo Jack— si me prometes no volver por mí en diez años.

El diablo prometió. Diez años después, volvió.

—Está bien, me voy contigo —dijo Jack—. Pero antes bájame una manzana de ese árbol, que tengo hambre.

El diablo trepó. Y mientras estaba arriba, Jack talló una cruz en el tronco. El diablo no podía bajar.

—Te dejo bajar si prometes no llevarme nunca.

El diablo prometió otra vez.

Pasaron los años y Jack se murió, como se muere todo el mundo. Llegó a la puerta del cielo, y ahí le dijeron que un tramposo como él no podía entrar. Llegó a la puerta del infierno, y el diablo, que cumplía sus promesas, tampoco lo dejó pasar.

—¿Y ahora a dónde voy? —preguntó Jack—. Está muy oscuro.

El diablo, riéndose, le aventó una brasa del fuego del infierno. Jack ahuecó un nabo que traía en el bolsillo, metió la brasa adentro, y se fue caminando con su linterna.

Y dicen que todavía anda por ahí. Por eso, en las noches oscuras de otoño, la gente de Irlanda tallaba caras en los nabos y les ponía una luz: para alumbrar el camino, y para que Jack, al verlas, siguiera de largo.

Esta es la versión que más se cuenta hoy. Tiene muchas variantes: en unas Jack es herrero, en otras granjero; a veces el diablo sube a un árbol y a veces se esconde en una bolsa. El final casi siempre es el mismo: sin cielo, sin infierno, y con una luz para el camino.


¿Qué quiere decir «jack-o’-lantern»?

«Jack con linterna». En inglés, Jack funcionaba como nuestro «Juan»: un nombre para cualquier hombre. Un Jack-o’-lantern era, entonces, un fulano cualquiera que va con su farol.

La palabra es mucho más vieja que las calabazas de Halloween. Los diccionarios etimológicos la registran en inglés desde mediados del siglo XVII, y no para una calabaza: era uno de los nombres del fuego fatuo, esas lucecitas que a veces se ven de noche sobre los pantanos y que se alejan cuando alguien las sigue. Hoy se suelen explicar por gases del pantano que se encienden, aunque la explicación todavía se discute.

Ese es el verdadero comienzo de Jack: una luz extraña en la noche, a la que había que ponerle un nombre y una historia.


¿Qué tan antigua es la leyenda?

Aquí conviene separar lo que se dice de lo que se ha podido leer.

Lo que se dice: casi todas las páginas que cuentan la leyenda la llaman «antigua», «celta» o «de hace miles de años». De dónde sale esa idea de lo celta está en ¿de dónde viene Halloween?.

Lo que se ha podido leer: la versión más antigua que encontramos está en un informe del Club de Naturalistas de Belfast, en Irlanda del Norte, de 1894. Ahí se dice que el fuego fatuo, «o Jack o’ Lantern, como lo llaman en algunos lugares», es

«el espíritu de un hombre que fue muy malvado en la tierra y que además logró engañar y burlar al diablo; y, de hecho, se hizo temer tanto por el príncipe de las tinieblas, que después de la muerte no pudo entrar al cielo, ni lo dejaron entrar al otro lugar, tanto le temían allá, y por eso debe vagar con su antorcha por pantanos y páramos para siempre».
— W. H. Patterson, «Irish Fairies», 1894, p. 582

Está casi todo: el tramposo, el diablo burlado, las dos puertas cerradas, la luz que vaga. Lo que todavía falta es el nabo, la brasa y Halloween. En 1894 Jack andaba con una antorcha por los pantanos, en cualquier noche del año.

Historias parecidas —un herrero o un soldado que engaña al diablo y termina sin lugar en el otro mundo— se cuentan en muchos países de Europa, y los folcloristas las agrupan como un mismo tipo de cuento. Así que la trama viaja mucho más allá de Irlanda; lo irlandés es haberla juntado con la luz del pantano.


¿Por qué Jack llevaba un nabo y no una calabaza?

Porque en el campo de Irlanda y Escocia lo que había eran nabos, papas y betabeles, y con eso la gente del campo tallaba linternas en las noches de otoño. Esa costumbre está bien documentada en los siglos XIX y XX.

Sobre cuándo empezó, hay dos perspectivas:

Se diceQuién lo dice
Los celtas tallaban nabos en Samhain, hace más de dos mil añosMuchas páginas de internet, y hasta un folleto de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, de 1982
No hay rastro de linternas de nabo antes de la época modernaLos historiadores que revisaron las pruebas, como Ronald Hutton, de la Universidad de Bristol

Quienes estudian el tema se inclinan por la segunda: el nabo tallado es una costumbre popular de hace un par de siglos, bonita y bien real, sin evidencia que la conecte con los celtas.

Luego vino el viaje. En el siglo XIX, miles de familias irlandesas y escocesas emigraron a Estados Unidos, y allá encontraron algo mucho mejor para tallar: la calabaza, grande, hueca y fácil de cortar.

Y aquí va el dato que casi nadie cuenta: la calabaza de Halloween es de México. Las semillas domesticadas más antiguas de su especie se encontraron en una cueva de Oaxaca, Guilá Naquitz, y tienen unos 10 000 años. Su historia completa, con la milpa y las calabazas gigantes, está en calabazas de Halloween: una planta nacida en México. Así que la linterna de Jack, que empezó siendo un nabo irlandés, terminó hecha con una planta mexicana.

Para febrero de 1852, la calabaza tallada ya aparece en la literatura de Estados Unidos. En el cuento «Feathertop», de Nathaniel Hawthorne, una bruja de Nueva Inglaterra arma un espantapájaros y le pone por cabeza una calabaza, «en la que le cortó dos agujeros para los ojos y una rendija para la boca». Y antes de empezar, la bruja enciende su pipa con una brasa que le trae un ayudante invisible. Bruja, espantapájaros, calabaza con cara y brasa, todo en la primera página.


¿Qué tienen que ver Jack y el espantapájaros?

Se parecen en la forma y vienen de lugares distintos. El espantapájaros es un objeto del campo, hecho para trabajar; Jack es un personaje de leyenda y la linterna que lleva su nombre. Los dos pueden tener cabeza de calabaza, los dos tienen algo de pícaros, y los cuentos los han juntado más de una vez: el «Feathertop» de Hawthorne en 1852, y Jack Cabeza de Calabaza, de L. Frank Baum, en 1904.

La historia completa del otro personaje está en por qué hay espantapájaros en Halloween.


¿Hay leyendas parecidas en México?

Las luces que aparecen de noche en el campo tienen historias en todas partes, y México tiene las suyas. Hay quienes cuentan que son brujas convertidas en bolas de fuego; otras personas dicen que son almas que andan penando, y en algunos pueblos se cuenta que una lumbre que brota del suelo marca el lugar donde hay un tesoro enterrado.

Son historias distintas, con la misma pregunta de fondo que la de Jack: ¿qué es esa luz, y quién la lleva?

¿En tu familia se cuenta alguna? Pregúntale a tus abuelas y abuelos. Muchas de estas historias viven solo en la voz de quien las cuenta, y vale la pena escribirlas antes de que se pierdan.


Preguntas para platicar después de leer

Para la casa o para el salón:

  1. ¿Por qué el cielo y el infierno le cerraron la puerta a Jack?
  2. ¿Te parece justo lo que le pasó? ¿Qué habrías hecho tú en su lugar?
  3. ¿Por qué crees que la gente tallaba caras en los nabos?
  4. Si Jack viviera en México, ¿con qué fruta o verdura habría hecho su linterna?
  5. Inventa un final distinto: ¿cómo podría Jack encontrar, por fin, un lugar donde quedarse?

Fuentes

  • W. H. Patterson, «Irish Fairies», Annual Report and Proceedings of the Belfast Naturalists’ Field Club, serie II, vol. III, 1894, pp. 573–582. Texto completo en Internet Archive. La cita es de la p. 582.
  • Nathaniel Hawthorne, «Feathertop: A Moralized Legend», 1852; recogido en Mosses from an Old Manse. Texto en Project Gutenberg.
  • Ronald Hutton, The Stations of the Sun: A History of the Ritual Year in Britain, Oxford University Press, 1996.
  • Cindy Ott, Pumpkin: The Curious History of an American Icon, University of Washington Press, 2012, cap. 5, «Jack-o’-Lantern Smiles».
  • Bruce D. Smith, «The Initial Domestication of Cucurbita pepo in the Americas 10,000 Years Ago», Science 276 (1997): 932–934. doi:10.1126/science.276.5314.932
  • Library of Congress, American Folklife Center, Halloween, folleto de Jack Santino, 1982: citado como ejemplo de la versión celta que la investigación posterior revisó.

Escrito por el Equipo Editorial de Idunn, con apoyo de herramientas de IA en la investigación y el borrador.

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