Etiqueta: cuento para niños

  • De dónde salen las ideas: 12 preguntas para hacerle a tu peque

    La hoja en blanco es un problema de personas adultas. Alguien de seis años tiene ideas de sobra; lo que no tiene es por qué contártelas si le preguntas «¿de qué quieres que sea el cuento?».

    Esa pregunta es demasiado grande. Estas doce son pequeñas, y por eso funcionan. Van de menos a más comprometidas: las primeras se contestan sin pensar, las últimas dan el corazón del cuento.

    Para calentar

    1. Si pudieras tener un animal que hablara, ¿cuál sería y qué diría al despertarse?
    2. ¿Qué crees que hacen tus juguetes cuando no estamos?
    3. Si encontraras una puerta en un árbol, ¿qué habría del otro lado?
    4. ¿Qué comida sería la más rica del mundo si existiera?

    Para encontrar el problema del cuento

    1. ¿Qué cosa te da un poquito de miedo pero también un poquito de ganas?
    2. ¿Qué es lo más difícil de tener la edad que tienes?
    3. Si pudieras arreglar una cosa que pasó esta semana, ¿cuál sería?
    4. ¿Qué haces cuando algo no te sale a la primera?

    Para los personajes

    1. ¿A quién te llevarías si el viaje fuera muy largo?
    2. Si un amigo tuyo fuera un animal, ¿qué animal sería y por qué?
    3. ¿Cómo sería alguien a quien le pasara justo lo contrario que a ti?
    4. ¿Quién te gustaría que estuviera al final del camino esperándote?

    Qué hacer con lo que responda

    Apúntalo tal cual. Con sus palabras inventadas, con la gramática rara, con el nombre que le puso al perro del vecino. Eso es lo que después hace que reconozca el cuento como suyo. Si lo traduces a idioma de persona adulta, pierde exactamente lo que valía.

    Busca la pregunta 5, 6 o 7. Ahí suele estar el cuento entero. «Me da miedo que se apague la luz pero me gusta ver las estrellas» ya es una historia: alguien que sale de noche.

    Una idea, un cuento. Si salieron ocho, guarda siete. Meter todo en una historia es la forma más rápida de que no funcione ninguna.

    No corrijas sobre la marcha. Si dice que el dragón come nubes, el dragón come nubes. La verosimilitud de un cuento infantil no está en los hechos, está en los sentimientos: el miedo tiene que ser miedo de verdad.

    Una advertencia sobre las respuestas difíciles

    A veces la pregunta 6 o la 7 destapan algo que duele: un cambio de escuela, una abuela que ya no está, un hermano recién nacido que se llevó toda la atención.

    Si pasa, ahí hay un cuento de los buenos, pero se escribe con cuidado: el personaje puede vivir lo mismo sin que el cuento lo explique ni lo resuelva de golpe. Los cuentos no arreglan las cosas; hacen compañía mientras se arreglan solas. Y si tu peque prefiere no hablar de eso, se cambia de pregunta y ya.

    El siguiente paso

    Con dos o tres respuestas ya se puede armar la escaleta. Aquí está la plantilla de ocho escenas, que es lo único que hace falta para pasar de las ideas sueltas a algo que se pueda leer en voz alta.

  • Cómo escribir un cuento donde tu peque sea quien lo protagoniza

    Hay una tarde en que alguien de cinco años te pide un cuento y ya te sabes todos los que hay en la casa. También está la otra: la del regalo que quieres que dure más que un juguete. Las dos terminan en el mismo lugar —escribir uno— y ahí suele aparecer la misma frase: «es que yo no sé escribir».

    Para esto no hace falta saber escribir. Hace falta conocer a quien va a protagonizarlo, y eso ya lo tienes.

    ¿Por dónde se empieza, si no eres escritor?

    No por el principio. Se empieza por una cosa que le pase de verdad a tu peque: le da vergüenza pedir ayuda, se enoja cuando pierde, le cuesta dormir solo, se impacienta con su hermano.

    Esa dificultad es el motor del cuento. No para corregirla —un cuento no es una regañina disfrazada— sino para acompañarla. En los cuentos que funcionan, nadie le quita al personaje lo que le cuesta: aprende a llevarlo.

    Un ejemplo de un cuento que estamos preparando en Idunn: un perezoso que va muy lento y llega tarde a todo. Nadie lo vuelve rápido. Lo que cambia es que descubre que cada quien va a su propia velocidad, y sigue siendo lento.

    La plantilla: ocho escenas y nada más

    Ocho escenas caben en una tarde y sostienen un cuento entero. Escríbelas en ocho papelitos, que se puedan mover.

    EscenaQué pasa
    1Cómo es un día normal de quien protagoniza
    2Algo rompe la rutina: un ruido, una carta, un animal
    3Aparece la dificultad que ya conoces
    4Un encuentro: alguien que tiene otro problema
    5Intentan algo juntos y no sale
    6Un momento de calma, casi sin acción
    7Vuelven a intentarlo, y esta vez pasa algo
    8El regreso a casa, tranquilo

    Si una escena no se te ocurre, sáltala y sigue. Es más fácil rellenar un hueco que arrancar de cero. Y si prefieres ver estas piezas funcionando dentro de una historia de verdad, aquí están las partes de un cuento explicadas con un ejemplo, escena por escena.

    ¿Qué le pregunto para que salgan las ideas?

    Las mejores ideas no se inventan en la mesa: se las sacas a tu peque sin que se dé cuenta de que está escribiendo. Tres que casi siempre funcionan:

    • Si pudieras tener un animal que hablara, ¿qué animal sería y qué diría al despertarse?
    • ¿Qué cosa te da un poquito de miedo pero también un poquito de ganas?
    • Si encontraras una puerta en un árbol, ¿qué habría del otro lado?

    Apunta las respuestas tal como las dice, con sus palabras raras. Esas palabras son las que después hacen que reconozca el cuento como suyo. Hay una lista con doce preguntas más para cuando estas tres ya se gastaron.

    ¿Y si no sé cómo termina?

    Casi nadie sabe cómo termina cuando empieza. Dos reglas bastan:

    El final baja el ritmo. El último tramo es volver, no celebrar. Cena, cama, luz apagada. Si el cuento se lee de noche, el texto tiene que ir apagándose con la casa. En el nuestro, la última doble página no tiene ni una palabra: solo la cabaña a oscuras bajo las estrellas.

    No expliques la enseñanza. Si el cuento ya mostró que pedir ayuda no duele, no hace falta escribir «y así aprendió que hay que pedir ayuda». Quien escucha lo entiende, y si lo entiende solo, se lo queda.

    ¿Cómo hago que suene bien al leerlo en voz alta?

    Un cuento infantil se termina de escribir leyéndolo en voz alta. Ahí se oye lo que en el papel no se ve:

    • Si te quedas sin aire, la frase es demasiado larga. Pártela.
    • Las repeticiones no son un error: son el motor («y caminó, y caminó, y caminó»).
    • Los diálogos cortos dan vida. Verbos sencillos: dijo, preguntó, bostezó.
    • Nada de barras ni paréntesis: no se pronuncian.

    Si tienes dudas sobre cómo separar los diálogos o dónde va cada signo, en el sitio tenemos una guía de los signos de puntuación que sirve justo para esto.

    ¿Cuántas páginas y cuántas palabras?

    Orientativo, no dogma:

    • 4 a 6 años: 14 a 16 dobles páginas, de 20 a 40 palabras por página.
    • 7 a 9 años: hasta 24 páginas, párrafos cortos.
    • 10 a 12: capítulos breves, y ya aguantan una trama con dos hilos.

    ¿Y si no sé dibujar?

    No hace falta que dibujes. Hay tres salidas que funcionan: fotos de cosas (de objetos, no de quien protagoniza), recortes de revista, o que la niña o el niño lo ilustre y tú escribas alrededor de sus dibujos. Los primeros cuentos personalizados de esta casa, allá por 2004, se armaron justo así: páginas impresas, tijeras y engargolado. Ninguno era perfecto, y eso era parte de su gracia.

    Cuando ya está escrito

    Pruébalo. Léelo con el nombre de otra persona a ver si sigue funcionando; si solo funciona con el nombre de tu peque, mejor todavía. Guarda el borrador: dentro de diez años, ese papel arrugado vale más que cualquier cosa que hayamos impreso nosotros.

    Y si llegas hasta aquí y lo que quieres es que la historia esté escrita, ilustrada y encuadernada sin que tengas que hacerla tú, es justo lo que estamos preparando en Idunn: cuentos donde el nombre, la familia y la manera de andar por el mundo de cada niña o cada niño entran en el texto, no como un nombre pegado encima. Te avisamos cuando esté, y mientras tanto, escribe el tuyo: no compite con el nuestro.

  • El mago desinventor, de Marco Túlio Costa

    El mago desinventor, de Marco Túlio Costa

    El mago desinventor: un lindísimo cuento que esconde una valiosa lección

    El autor brasileño Marco Túlio Costa, ganador del premio Jabuti de literatura infantil y juvenil en el 2014, publicó su más importante obra en 1981: El mago desinventor. En este bellísimo cuento para niños que no pierde el toque de magia que lo hace atractivo para cualquier lector, sin importar la edad, Costa nos narra una divertida historia que esconde una moraleja que, en vez de perder vigencia, la vertiginosa carrera tecnológica vuelve cada día más valiosa.

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  • Celebremos las fiestas decembrinas con un maravilloso cuento: El ponche de los deseos de Michael Ende

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    flecha recomendacionesBelcebú Sarcasmo es un mago poseedor de grandes poderes con los que es capaz de realizar las más increíbles proezas y moldear la realidad a su antojo, al igual que su tía  Tirania Vampir, dotada y talentosa bruja. No es casualidad que estos personajes estén en posesión de tan extraordinarios dones, pues ambos han hecho un pacto con el mismísimo Belcebú, señor de los infiernos, para conseguirlos.

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  • Una vida de película, de José Antonio del Cañizo

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    Una vida de película, una espectacular historia para chicos y grandes

    Una vida de película es un divertidísimo cuento escrito por José Antonio del Cañizo, publicado en 1993. Aunque es un libro para adolescentes, narra una espectacular historia que cautivará a cualquier cinéfilo:

    Cuando Alfred Hitchcock, Luis Buñuel y John Huston, tres grandes maestros del séptimo arte, se reúnen con El Jefe allá arriba en el Paraíso todo puede suceder.

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