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  • Las partes de un cuento, explicadas con un cuento de verdad

    Inicio, nudo y desenlace. Así se enseña, y así se olvida, porque son tres palabras sin nada dentro. Se entienden mejor cuando se ven pasar por una historia concreta, escena a escena.

    Vamos a usar un cuento que estamos preparando en Idunn: una niña sale a explorar el bosque y, de camino a una fiesta, se va encontrando animales que tienen cada uno su propio lío.

    El inicio no es «había una vez»: es un día normal

    El inicio existe para que conozcas a alguien antes de que le pase nada. Una mañana cualquiera: el sol entrando por la ventana, el desayuno, el olor del bosque.

    Parece tiempo perdido y es justo lo contrario. Si no sabes cómo es su día normal, después no notas lo que se rompió.

    Dos páginas bastan. Tres, si el personaje tiene algo muy suyo que mostrar.

    El nudo empieza cuando algo se mueve entre las ramas

    No hace falta un dragón. Basta con algo que saque a quien protagoniza de su rutina: un ruido, una puerta, una carta, un animal que se asoma.

    Y aquí viene lo que casi siempre falta en los cuentos escritos deprisa: el problema tiene que costarle algo. En el nuestro, la niña siente un cosquilleo de nervios antes de acercarse, y se acerca igual. Ese cosquilleo es el cuento; sin él solo hay cosas que pasan.

    Los encuentros: cada personaje trae su propia dificultad

    La parte más larga suele ser una serie de encuentros. Funciona cuando cada personaje trae un problema que se reconoce:

    • Un perezoso que llega tarde a todo porque es lento.
    • Un capibara que no sabe decir que no y acaba agotado.
    • Un mono impaciente al que la espera lo desespera.
    • Un tucán al que le da miedo volar alto.

    Ninguno se cura. El perezoso sigue siendo lento al final. Lo que cambia es lo que hacen con eso, y eso es lo que quien escucha se lleva puesto.

    El momento de calma que casi nadie escribe

    Antes del desenlace conviene una escena donde no pase nada: mirar el cielo, flotar en el agua, sentarse. Sirve para dos cosas. Baja el pulso de quien escucha, que a esa hora ya está cansado, y hace que lo siguiente se note más.

    En los cuentos de esta casa ese momento aparece siempre. En uno, el protagonista se siente «parte de las olas que se mezclan entre la profundidad del mar y el reflejo de las estrellas tintineantes». No avanza la trama. Sostiene el cuento.

    El desenlace es volver a casa, no ganar

    El final de un cuento infantil casi nunca es una victoria: es un regreso. Se vuelve a la casa del inicio, pero quien vuelve ya no es exactamente quien salió.

    Y el cierre baja la luz. En el nuestro, la niña se duerme y la última doble página no tiene texto: solo la cabaña a oscuras bajo un cielo estrellado. Es un recurso clásico de los cuentos para dormir —quedarse en silencio— y funciona igual de bien leído en la cama que en un salón de clases.

    ¿Y la moraleja?

    La moraleja es la parte que se puede quitar. Si el cuento mostró que cada quien va a su ritmo, escribir «y así aprendió que cada quien va a su ritmo» no añade nada: se lo quita a quien escuchaba, que ya lo había entendido solo.

    Deja el final abierto, con la casa a oscuras. Si alguien quiere decir la enseñanza en voz alta, que sea el niño.

    Para llevarte

    ParteCuántas páginasPara qué sirve
    Inicio2 o 3Conocerlo antes de que le pase algo
    Se rompe la rutina1Sacarlo de casa
    Encuentros6 a 8Cada personaje, una dificultad reconocible
    Calma1Bajar el pulso antes del final
    Desenlace2Volver a casa, en voz baja

    Si quieres escribir uno en casa, aquí está la guía completa con la plantilla de ocho escenas y las preguntas que le puedes hacer a tu peque para que las ideas salgan de él.

  • Cómo escribir un cuento donde tu peque sea quien lo protagoniza

    Hay una tarde en que alguien de cinco años te pide un cuento y ya te sabes todos los que hay en la casa. También está la otra: la del regalo que quieres que dure más que un juguete. Las dos terminan en el mismo lugar —escribir uno— y ahí suele aparecer la misma frase: «es que yo no sé escribir».

    Para esto no hace falta saber escribir. Hace falta conocer a quien va a protagonizarlo, y eso ya lo tienes.

    ¿Por dónde se empieza, si no eres escritor?

    No por el principio. Se empieza por una cosa que le pase de verdad a tu peque: le da vergüenza pedir ayuda, se enoja cuando pierde, le cuesta dormir solo, se impacienta con su hermano.

    Esa dificultad es el motor del cuento. No para corregirla —un cuento no es una regañina disfrazada— sino para acompañarla. En los cuentos que funcionan, nadie le quita al personaje lo que le cuesta: aprende a llevarlo.

    Un ejemplo de un cuento que estamos preparando en Idunn: un perezoso que va muy lento y llega tarde a todo. Nadie lo vuelve rápido. Lo que cambia es que descubre que cada quien va a su propia velocidad, y sigue siendo lento.

    La plantilla: ocho escenas y nada más

    Ocho escenas caben en una tarde y sostienen un cuento entero. Escríbelas en ocho papelitos, que se puedan mover.

    EscenaQué pasa
    1Cómo es un día normal de quien protagoniza
    2Algo rompe la rutina: un ruido, una carta, un animal
    3Aparece la dificultad que ya conoces
    4Un encuentro: alguien que tiene otro problema
    5Intentan algo juntos y no sale
    6Un momento de calma, casi sin acción
    7Vuelven a intentarlo, y esta vez pasa algo
    8El regreso a casa, tranquilo

    Si una escena no se te ocurre, sáltala y sigue. Es más fácil rellenar un hueco que arrancar de cero. Y si prefieres ver estas piezas funcionando dentro de una historia de verdad, aquí están las partes de un cuento explicadas con un ejemplo, escena por escena.

    ¿Qué le pregunto para que salgan las ideas?

    Las mejores ideas no se inventan en la mesa: se las sacas a tu peque sin que se dé cuenta de que está escribiendo. Tres que casi siempre funcionan:

    • Si pudieras tener un animal que hablara, ¿qué animal sería y qué diría al despertarse?
    • ¿Qué cosa te da un poquito de miedo pero también un poquito de ganas?
    • Si encontraras una puerta en un árbol, ¿qué habría del otro lado?

    Apunta las respuestas tal como las dice, con sus palabras raras. Esas palabras son las que después hacen que reconozca el cuento como suyo. Hay una lista con doce preguntas más para cuando estas tres ya se gastaron.

    ¿Y si no sé cómo termina?

    Casi nadie sabe cómo termina cuando empieza. Dos reglas bastan:

    El final baja el ritmo. El último tramo es volver, no celebrar. Cena, cama, luz apagada. Si el cuento se lee de noche, el texto tiene que ir apagándose con la casa. En el nuestro, la última doble página no tiene ni una palabra: solo la cabaña a oscuras bajo las estrellas.

    No expliques la enseñanza. Si el cuento ya mostró que pedir ayuda no duele, no hace falta escribir «y así aprendió que hay que pedir ayuda». Quien escucha lo entiende, y si lo entiende solo, se lo queda.

    ¿Cómo hago que suene bien al leerlo en voz alta?

    Un cuento infantil se termina de escribir leyéndolo en voz alta. Ahí se oye lo que en el papel no se ve:

    • Si te quedas sin aire, la frase es demasiado larga. Pártela.
    • Las repeticiones no son un error: son el motor («y caminó, y caminó, y caminó»).
    • Los diálogos cortos dan vida. Verbos sencillos: dijo, preguntó, bostezó.
    • Nada de barras ni paréntesis: no se pronuncian.

    Si tienes dudas sobre cómo separar los diálogos o dónde va cada signo, en el sitio tenemos una guía de los signos de puntuación que sirve justo para esto.

    ¿Cuántas páginas y cuántas palabras?

    Orientativo, no dogma:

    • 4 a 6 años: 14 a 16 dobles páginas, de 20 a 40 palabras por página.
    • 7 a 9 años: hasta 24 páginas, párrafos cortos.
    • 10 a 12: capítulos breves, y ya aguantan una trama con dos hilos.

    ¿Y si no sé dibujar?

    No hace falta que dibujes. Hay tres salidas que funcionan: fotos de cosas (de objetos, no de quien protagoniza), recortes de revista, o que la niña o el niño lo ilustre y tú escribas alrededor de sus dibujos. Los primeros cuentos personalizados de esta casa, allá por 2004, se armaron justo así: páginas impresas, tijeras y engargolado. Ninguno era perfecto, y eso era parte de su gracia.

    Cuando ya está escrito

    Pruébalo. Léelo con el nombre de otra persona a ver si sigue funcionando; si solo funciona con el nombre de tu peque, mejor todavía. Guarda el borrador: dentro de diez años, ese papel arrugado vale más que cualquier cosa que hayamos impreso nosotros.

    Y si llegas hasta aquí y lo que quieres es que la historia esté escrita, ilustrada y encuadernada sin que tengas que hacerla tú, es justo lo que estamos preparando en Idunn: cuentos donde el nombre, la familia y la manera de andar por el mundo de cada niña o cada niño entran en el texto, no como un nombre pegado encima. Te avisamos cuando esté, y mientras tanto, escribe el tuyo: no compite con el nuestro.

  • Las preposiciones no siempre son fáciles de usar

    Las preposiciones no siempre son fáciles de usar

    preposicionesLas preposiciones son palabra que sirven de vínculo entre las palabras y elementos de una oración, que las relaciona entre sí.

    Como el español es una lengua muy rica y variada, que además cambia dependiendo del lugar donde se produce, no existen normas precisas para utilizarlas. Tal vez por eso su mal uso es de los errores más comunes cuando hablamos o escribimos. En caso de duda, siempre puedes consultar el diccionario, pero el problema suele estar donde ni siquiera existe la duda. Los casos ejemplificados en el cuadro de abajo son los más frecuentes que hemos identificado.

    Pregunta Respuesta incorrecta Respuesta correcta
    ¿En base a o con base en? En base a Con base en
    ¿De acuerdo a / de acuerdo con? De acuerdo a De acuerdo con
    ¿Acto a realizarse o acto por realizarse? Acto a realizarse Acto por realizarse
    ¿A cuenta de o por cuenta de? A cuenta de Por cuenta de
    ¿En relación a o en relación con? En relación a En relación con
    ¿Respecto a o con respecto a? Respecto a Con respecto a
    ¿Asuntos a tratar o asuntos por tratar? Asuntos a tratar Asuntos por tratar

    Si quieres ahondar en el tema te recomendamos Documentos con Sentido, una guía para el diseño de documentos técnicos y estratégicos.