Empieza los libros y los deja: dónde los deja importa

Cuatro libros abiertos en la mesa de noche. En tres de ellos el separador está más o menos en la página doce. El cuarto lleva un mes boca abajo, en el capítulo dos.

Ese montón parece un defecto de carácter y es otra cosa: es información.

Dónde abandona un libro dice qué pasó. En las primeras páginas es casi siempre el coste de entrada, y hay un efecto documentado que lo explica. A la mitad suele ser el ritmo. Y si los deja todos siempre, la causa está fuera del libro.

Es la razón 3 de las diez por las que alguien no quiere leer, por el lado del después.

¿Dónde lo deja? Ahí está la respuesta

Mira los separadores de los últimos tres libros que empezó:

Dónde quedóQué suele significarQué se hace
Páginas 1 a 15El peaje de entrada: contexto y estilo nuevosLéele tú ese tramo en voz alta
Primer tercioLa promesa del libro no llegó a tiempoCambia de libro, y mira el ritmo
Justo a la mitadRitmo o extensiónLibros más cortos, capítulos más cortos
Cerca del finalCasi nunca es un problema: sabe cómo acabaDéjalo, ya lo leyó
Todos, siempre, en cualquier puntoLa causa está fuera del libroRevisa las otras nueve razones

La fila que más sorprende es la última de las específicas: abandonar cerca del final es normal. Cuando la trama ya se resolvió en su cabeza, el libro cumplió.

Si lo deja en las primeras páginas: el peaje de entrada

Las primeras páginas de un libro son el tramo más difícil de ese libro. Suena raro, y tiene una explicación conocida en la enseñanza de idiomas.

Stephen Krashen lo llama «el efecto de las primeras páginas». Lo describe así: quienes leen una obra nueva «a menudo reportan que encuentran las primeras páginas del trabajo de un autor nuevo difíciles de pasar. Después de esa dificultad inicial, el resto del libro va mucho más fácil». Y da el mecanismo: «esto se debe a que el contexto, la historia, era nuevo, y además quien leía no se había ajustado al estilo de quien escribe» (Krashen, Language Magazine, 2004).

De dónde viene ese dato, para que se sepa. Krashen lo describe en estudiantes de lengua extranjera de nivel intermedio. Aquí estamos hablando de alguien de ocho años leyendo en su propia lengua. El mecanismo que él nombra —contexto nuevo más estilo sin ajustar— es el mismo que opera ante un autor desconocido a los ocho años, así que la traslación es razonable. Probada en ese público concreto, todavía no.

Qué se hace con esto, y es lo más barato del artículo: léele tú las primeras quince páginas en voz alta. Estás pagando el peaje por él. A partir de ahí el libro va cuesta abajo, y muchas veces sigue solo sin darse cuenta.

Si lo deja a la mitad: el ritmo

Este es el caso más común y el que menos tiene que ver con la voluntad.

Un libro pierde a quien lee cuando pasa demasiado tiempo sin que ocurra nada. En el oficio de escribir para infancia eso tiene un sitio conocido: el tramo después de que el problema ya se planteó y antes de que empiece a resolverse. Quien escribe lo sabe y mete algo ahí; quien no, pierde al lector justo en ese punto. Si quieres ver dónde están esas bisagras, aquí está cómo está armada una historia por dentro.

Desde fuera se diagnostica igual de rápido. Ábrelo por donde quedó el separador y lee dos páginas: si en dos páginas no pasa nada, ya sabes.

La salida es cambiar de libro, y elegir mejor el siguiente con las tres cosas que se miden con el libro en la mano: páginas, texto por página, y cada cuánto pasa algo.

Si los deja todos, siempre

Cuando el abandono ocurre en cualquier punto, con cualquier libro y desde hace meses, el libro es inocente.

Ahí conviene mirar otra cosa: si descifrar todavía le cuesta todo —y entonces la historia nunca llega—, si le duele la cabeza al leer, o si la hora es mala. Están las nueve causas restantes en las diez razones, ordenadas de la más barata de descartar a la más lenta de cambiar.

La salida que funciona: la serie

Si el problema es el peaje de entrada, hay una manera de pagarlo una sola vez: que los siguientes libros sean del mismo mundo.

Krashen lo llama lectura estrecha, y el argumento es directo. «Como cada quien que escribe tiene sus expresiones favoritas y un estilo distintivo, y cada tema su vocabulario y su discurso, la lectura estrecha proporciona repaso incorporado.» Y sobre el contexto: «el conocimiento previo es un facilitador tremendo de la comprensión (…) cuanto más se lee en un área, más se aprende de esa área, y más fácil resulta la lectura siguiente».

Traducido a una serie de ocho tomos: el primero cuesta, el segundo cuesta la mitad, y del tercero en adelante quien lee ya está en casa. Los personajes están, el mundo está, el vocabulario se repite. Lo único nuevo es la trama, que es lo que vino a buscar.

La objeción, que es buena: ¿no se encierra leyendo siempre lo mismo? Krashen la contesta: «la lectura profunda en cualquier tema proporciona exposición a una cantidad tremenda de sintaxis y vocabulario que se usa en otros temas», y añade que quienes leen «van ampliando su lectura gradualmente» por su cuenta.

Y si lo que ya termina son cómics de una misma serie, eso ya es lectura estrecha funcionando: lo que lee ahí tiene más palabras raras por cada mil que una novela infantil.

¿Y está mal abandonar un libro?

Abandonar libros es lo que hace la gente que lee mucho.

Quien lee veinte libros al año empieza treinta. Elegir, probar quince páginas y dejarlo forma parte de leer, y es una habilidad que conviene que aprenda pronto. La persona que termina religiosamente todo lo que empieza suele empezar muy poco.

Hay además una razón práctica para no forzar. En una encuesta a 1.755 familias británicas, «más de ocho de cada diez dicen que sus libros favoritos —y los que tienen más probabilidades de terminar— son los que eligen ellos mismos» (Scholastic, 2015). Obligar a terminar uno que él no eligió gasta el poco margen que hay.

Por dónde empezar

Esta semana, mira dónde quedó el separador del último que dejó. Si está en la página doce, léele tú ese tramo en voz alta esta noche y para donde se ponga bueno. Si está a la mitad, ve por uno más corto.

Y si está siempre en cualquier sitio, el libro no era el problema: están las diez razones.

De dónde salen los datos

  • Krashen, Stephen, «The Case for Narrow Reading», Language Magazine 3(5), 17-19, 2004. El autor describe el efecto de las primeras páginas y la lectura estrecha en el contexto de la adquisición de una lengua extranjera. Consultar
  • Scholastic, Kids & Family Reading Report 2014, edición del Reino Unido. Muestra de 1.755 madres, padres e hijos de 6 a 17 años, con campo en el verano de 2015. Consultar

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