Libros sin palabras: cómo leer una historia en imágenes

Portada del artículo «Libros sin palabras: cómo leer una historia en imágenes» de Idunn Editorial

En la biblioteca abres un libro y buscas por dónde empezar a leer. Pasas una página, luego otra: solo hay imágenes. Tu sobrina ya está señalando algo que cambió entre las dos, mientras tú sigues buscando el primer renglón.

Los libros sin palabras cuentan mediante imágenes: muestran personajes, acciones y cambios que el lector relaciona al pasar las páginas. Para compartirlos, mira primero, sigue lo que cambia y conversa sobre las pistas que encuentran. Puedes narrar con tus propias palabras, dejar que el niño proponga una versión o mirar juntos en silencio.

Al elegir un cuento, también puedes buscar una historia que invite a observar. Vamos a mirar una secuencia de imágenes y a probar cómo contarla juntos, dejando que cada quien señale lo que encontró.

¿Qué cuenta un libro sin palabras?

En una narración sin palabras, las imágenes llevan el relato. Un objeto cambia de lugar, alguien mira hacia fuera de la página o una acción continúa después de pasarla. Al pasar la página, juntas esas pistas y empiezas a contar lo que ocurrió.

Puede haber un título y créditos escritos, aunque la historia se narre con dibujos. Dentro de los álbumes ilustrados, encontrarás obras que combinan texto e imagen y otras que desarrollan su relato visualmente.

Conviene distinguirlas de los libros con pocas palabras. En estos últimos, el texto sigue formando parte de la lectura: una palabra puede nombrar un objeto o una frase puede cambiar el sentido de una imagen. Al abrir uno, fíjate en lo que cuentan las palabras y en lo que muestran los dibujos.

Una secuencia para mirar juntos

Observa esta secuencia original de tres escenas, creada para este ejemplo. Recorre las imágenes de izquierda a derecha antes de seguir leyendo.

Tres escenas: una pelota se acerca a un vaso, lo inclina y termina en el suelo mientras el vaso queda tumbado sobre la mesa y el agua se derrama.

En la primera imagen, la pelota está a un lado del vaso. En la segunda aparece junto a él y el vaso se inclina. En la tercera, el vaso está caído y el agua ocupa parte de la mesa.

Puedes contar: «La pelota tiró el vaso». Para llegar a esa frase, juntaste lo que muestran las tres escenas. El dibujo intermedio ayuda a relacionar el movimiento de la pelota con la caída.

Ahora prueba otra pregunta: ¿quién lanzó la pelota? Las imágenes dejan esa parte fuera. Alguien puede imaginar un niño jugando y otra persona puede pensar en un gato. Ambas son continuaciones inventadas; conviene distinguirlas de lo que sí se ve.

Con tu hijo puedes hacer lo mismo: primero miren, después cuenten qué creen que pasó y, si les dan ganas, inventen lo que ocurrió antes. Así pueden conversar sobre una historia sin tratar cada detalle como una respuesta que hay que acertar.

Mira una obra real: La ola, de Suzy Lee

En la galería de La ola que comparte Barbara Fiore Editora, una niña se acerca al agua acompañada por gaviotas. En otra de las imágenes, el agua salpica y la postura de la niña cambia. Puedes seguir el juego junto a la orilla mirando el azul del agua y los gestos de la niña y las gaviotas.

Suzy Lee es autora e ilustradora de esta obra, publicada en español por Barbara Fiore Editora en 2008. Para este artículo revisamos cinco imágenes de la galería editorial, algunas recortadas. Estas imágenes permiten observar algunos detalles. Para seguir la secuencia completa y conocer el final, hace falta el ejemplar.

Puedes detenerte en una de esas imágenes y mirar cómo coloca la niña los brazos o hacia dónde se inclina. «Parece que quiere acercarse» es una interpretación que puedes acompañar señalando el gesto. Si tu hijo piensa otra cosa, pídele que te muestre qué vio.

Cuando tengan el ejemplar, podrán comprobar cómo cambian esas posturas de una página a la siguiente. Deja un dedo entre las hojas si quieren volver: a veces la sorpresa de una página hace que mires otra vez la anterior.

Cómo acompañar con preguntas y silencios

Tiffany Coulson, bibliotecaria de Mattawa, propone en NCW Libraries empezar observando y después preguntar qué detalles sostienen una interpretación. Puedes usar esa idea con una sola escena, sin convertirla en una lista de preguntas.

Deja que el niño mire antes de ofrecer tu versión. Si te pide que cuentes tú, comienza con lo que ves: «La puerta está abierta y el perro mira hacia dentro». Puedes detenerte ahí y esperar a que él agregue algo.

Si ambos callan, también están compartiendo la página. Tal vez siguen un camino con el dedo o buscan un objeto pequeño. Puedes volver a hablar cuando aparezca algo que te dé curiosidad.

Y si prefiere pasar rápido las primeras hojas para averiguar cómo termina, déjalo explorar. Después pueden regresar al punto que les haya sorprendido. Quizá al volver encuentren la bolsa que llevaba el personaje y que ahora dejó en otro lugar.

¿Cualquier interpretación cabe?

Las imágenes permiten varias interpretaciones, y también ofrecen cosas concretas que se pueden comprobar. En la secuencia de la pelota vemos agua derramada; que alguien vaya a regañar a quien jugaba es algo que imaginamos después.

Puedes usar frases sencillas para separar ambas cosas: «Veo que el vaso cayó» y «Creo que alguien va a venir a limpiar». El niño puede proponer otra continuación sin que cambien los objetos dibujados.

Cuando una diferencia les intrigue, vuelvan a la página anterior. Miren si el personaje sigue llevando la misma bolsa, si cambió el lugar o si falta alguien. Si cuentan versiones distintas, pueden señalar esas pistas para explicar qué vio cada quien.

Libros para compartir entre edades y lenguas

El proyecto Silent Books de IBBY reúne libros sin palabras para favorecer encuentros de lectura entre personas que hablan lenguas distintas. Las imágenes les permiten compartir las historias, y cada quien las interpreta a partir de lo que conoce y ha vivido.

En casa, una abuela puede contar lo que ve en la lengua que usa con más comodidad y su nieta responder con las palabras que conoce. También pueden señalar. Encontrarán maneras de entenderse mientras miran los mismos personajes.

Para elegir un ejemplar, revisa qué tan fácil les resulta seguir los cambios, cuánto quieren detenerse en los detalles y si el tema les interesa. Un libro sin texto puede pedir mucha atención. Una página llena de pistas merece el tiempo de mirarlas.

Para la próxima visita a la biblioteca

Busca un álbum sin palabras y recórrelo antes de llevarlo. Fíjate si puedes seguir a un personaje, si una imagen te hace volver atrás y si te gustaría enseñarle una escena a alguien.

Después ofréceselo al niño como una historia para descubrir juntos. Si la pregunta es qué decir al abrirlo, puedes empezar con lo más sencillo: «Mira lo que encontré». El resto puede aparecer al pasar la página.

La propuesta de Idunn

En Idunn buscamos crear historias, libros, juegos y recursos que inviten a aprender desde la curiosidad y desde aquello con lo que cada persona conecta. Ponemos especial atención en las niñas y los niños, y también desarrollamos propuestas para compartir en pareja y en familia. Queremos acompañar los descubrimientos de las distintas etapas de la vida y ofrecer nuevas maneras de leer, imaginar, jugar y compartir el día a día.

Nos interesa explorar lo que una imagen permite descubrir y la conversación que empieza cuando dos personas miran la misma página.

Fuentes

  • Lee, Suzy (autora e ilustradora). La ola. Barbara Fiore Editora, 2008, ISBN 9788493618544. Cinco imágenes de la galería editorial examinadas, algunas recortadas.
  • Coulson, Tiffany. Reading Wordless Picture Books. NCW Libraries / Mattawa Library, 30 de diciembre de 2020. Se toma su propuesta de observar y conversar, sin adoptar comparaciones de beneficios sin evidencia localizada.
  • IBBY. Silent Books: Final Destination Lampedusa, s. f. Descripción oficial del proyecto leída.

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