Una cigüeña intenta tomar sopa de un plato. Un cuervo abre el pico y pierde su queso. Cuatro animales cantan tan fuerte que espantan a unos ladrones. A un cuento corto le bastan unas pocas escenas para quedarse contigo.
Los cuentos cortos para niños se leen de una sentada y concentran la atención en algo que ocurre: una invitación, un engaño, un regalo. Un buen final deja una imagen que se recuerda. En esta página puedes leer seis cuentos completos, en versiones breves de Idunn, y elegir otros cuatro para mañana. Para ir directo: los seis cuentos · diez títulos con autor · por edad · leer en voz alta · para dormir · inventar uno · gratis y para imprimir
Cuentos cortos para leer ahora
Puedes empezar por la cigüeña si tu peque está en preescolar, por Juan si quieren reírse o por el zapatero si ya se acerca la hora de dormir. Las seis versiones se cuentan de principio a fin; al pie de cada una encontrarás su obra de partida y qué cambiamos.
En los seis, una sola acción lo cambia todo: servir la comida, abrir el pico, entregar un regalo. Es lo que hace funcionar a un cuento corto, y está explicado en qué es un cuento y cuáles son sus características. Las edades son para leer en compañía, y los minutos, los de una lectura en voz alta sin pausas: con voces y preguntas, dura un poco más.
1. La zorra y la cigüeña
Para compartir de 2 a 4 años · unos 2 minutos · animales y repeticiones.
La zorra invitó a la cigüeña a comer.
—Ven a mi casa. Preparé algo delicioso.
La cigüeña llegó con hambre. Sobre la mesa había dos platos bajitos, llenos de caldo que olía muy bien.
La zorra acercó el hocico y empezó a lamer.
La cigüeña metió el pico. Toc, toc. El pico golpeaba el plato, pero apenas recogía una gota.
Lo intentó por un lado. Toc, toc.
Lo intentó por el otro. Toc, toc.
Mientras tanto, la zorra lamía y lamía. Al terminar, su plato estaba tan limpio que parecía recién lavado.
La cigüeña seguía con hambre.
—Gracias por invitarme —dijo—. Otro día puedes venir a mi casa.
Cuando llegó el día, la zorra corrió a la mesa. Olía a comida sabrosa. Pero esta vez había dos jarras altas, con el cuello muy estrecho.
La cigüeña metió su largo pico y comió a gusto.
La zorra acercó el hocico. Hasta ahí llegaba.
Metió la lengua. Hasta ahí llegaba.
Dio vuelta a la jarra, la miró por arriba, la olió por abajo. La comida seguía dentro, lejos de su boca.
Frente a ella, la cigüeña comía otro bocado.
La zorra miró su jarra llena y recordó el plato vacío de su invitada. Bajó las orejas y se fue, con la cola entre las patas.
Para platicar: ¿qué recipiente le sirve a cada animal? ¿Cómo pondrías la mesa para que las dos pudieran comer juntas?
Versión de Idunn a partir de «La zorra y la cigüeña», de Félix María Samaniego, en Fábulas (Armand Colin, 1902; I, X). Adaptamos los versos a prosa con diálogo, caldo y repeticiones para los más pequeños. Conservamos las dos invitaciones y el desenlace.
2. El cuervo y el zorro
Para compartir de 5 a 7 años · unos 2 minutos · una fábula para conversar.
Un cuervo se acomodó en la rama de un árbol. Llevaba un queso en el pico y buscaba un lugar tranquilo para comérselo.
Debajo del árbol pasó un zorro. Levantó la nariz.
El olor del queso le hizo detenerse.
—Buenos días, señor Cuervo. ¡Qué plumas tan brillantes!
El cuervo lo miró desde arriba. Acomodó las alas, orgulloso.
—Y qué postura tan elegante —continuó el zorro—. Se ve que eres un pájaro distinguido.
El cuervo enderezó la espalda. El queso seguía bien sujeto en su pico.
El zorro dio una vuelta alrededor del tronco. Por mucho que estirara las patas, la rama quedaba lejos.
Entonces volvió a mirar hacia arriba.
—Solo me falta escuchar tu voz. Si cantas tan bonito como luces, todos los pájaros querrán oírte.
El cuervo sintió que se le inflaba el pecho. Abrió las alas y tomó aire para ofrecer su gran concierto.
—¡Craaa!
En cuanto abrió el pico, el queso cayó.
El zorro lo atrapó antes de que tocara el suelo.
Por un momento, el cuervo se quedó con el pico abierto. Su público tenía el queso entre los dientes.
—Tú puedes quedarte con los elogios —dijo el zorro—. Yo me quedo con el desayuno.
Y se alejó trotando.
Arriba, en la rama, el cuervo cerró las alas. El concierto había terminado con una sola nota.
Para platicar: ¿qué quería conseguir el zorro? ¿En qué momento habrías puesto el queso a salvo?
Versión de Idunn a partir de «El cuervo y el zorro», de Félix María Samaniego, en Fábulas (Armand Colin, 1902; V, IX). Pasamos los versos a diálogo y retiramos mitología e insultos para centrar la escena en el engaño. Conservamos la caída del queso.
Una moraleja posible: antes de hacer lo que alguien te pide, fíjate en qué quiere conseguir. Puedes volver a los elogios del zorro y dejar que tu peque explique el truco.
Las fábulas y sus características ayudan a reconocer este tipo de relato. Para seguir la conversación con otras decisiones de los personajes, están los cuentos con moraleja.
3. Juan con suerte
Para compartir de 5 a 7 años · de 2 a 3 minutos · cambios disparatados.
Después de trabajar siete años, Juan recibió un saco de oro y emprendió el camino a casa de su madre.
El saco pesaba. Le pesaba en un hombro, le pesaba en el otro.
Pasó un hombre a caballo.
—¡Qué bien se debe ir sentado! —dijo Juan.
—Te cambio el caballo por el oro.
Juan aceptó, montó y gritó:
—¡Arre!
El caballo salió disparado. Juan terminó en el suelo.
Un campesino lo ayudó a levantarse. Llevaba una vaca.
—Con ella caminaría despacio —dijo Juan—. Y tendría leche.
Cambiaron los animales. Pero cuando Juan quiso ordeñarla, la vaca no dio ni una gota.
Un carnicero que pasaba le explicó que era demasiado vieja.
—Puedo darte mi cerdo a cambio.
Juan siguió con el cerdo, contentísimo. Más adelante encontró a un joven con un ganso blanco.
—Buscan un cerdo robado por estos caminos —le dijo el joven—. Podría ser ese.
Juan se asustó.
—Llévatelo tú. ¿Me darías el ganso?
El joven aceptó y se fue deprisa.
—Con estas plumas tendré una almohada —pensó Juan.
En la última aldea, un afilador hacía girar su rueda.
—Con una piedra como esta puedes ganarte la vida —le aseguró—. Te la cambio por el ganso.
Juan aceptó también.
El afilador le regaló otra piedra para enderezar clavos. Juan cargó las dos.
Le pesaban en un hombro, le pesaban en el otro. Y todavía faltaba camino.
Al llegar junto al agua, dejó las piedras en la orilla y se inclinó para beber. Sin querer, las empujó.
Una cayó al agua.
La otra también.
Juan miró sus manos vacías. Movió los hombros. Dio un salto.
—¡Ahora sí puedo caminar ligero!
Había salido con oro y llegaría sin él. Pero Juan iba tan contento que apretó el paso: quería abrazar a su madre.
Para platicar: ¿cuál cambio habrías aceptado tú? ¿Por qué Juan se siente afortunado al final?
Versión de Idunn a partir de «Juan en la prosperidad», de Jacob y Wilhelm Grimm, traducción de José S. Viedma, en Cuentos escogidos (Gaspar, 1879). Acortamos las conversaciones, omitimos la patada de la vaca y usamos el título «Juan con suerte». Conservamos todos los intercambios y su alegría al perder las piedras.
4. Los músicos de Bremen
Para compartir de 5 a 7 años · de 2 a 3 minutos · ingenio y un susto suave.
Un burro viejo se escapó de la casa donde ya no lo querían. Decidió ir a Bremen para hacerse músico.
En el camino encontró a un perro cansado.
—Ven conmigo. Podemos tocar juntos.
Luego vieron a un gato triste.
—Tú sabes cantar de noche —le dijo el burro—. Ven con nosotros.
Por último encontraron a un gallo que gritaba desde una cerca. Lo querían echar a la olla.
—¡A Bremen! —lo invitó el burro—. Con esa voz nos hace falta tu ayuda.
Caminaron hasta que oscureció. Desde lo alto de un árbol, el gallo vio una luz.
Los cuatro se acercaron a una casa. Por la ventana, el burro descubrió a unos ladrones alrededor de una mesa llena de comida.
—Tengo un plan —dijo.
El perro subió al lomo del burro. El gato se acomodó encima del perro y el gallo, sobre el gato.
A una señal, todos cantaron.
—¡Iaaa! ¡Guau! ¡Miau! ¡Quiquiriquí!
La torre de animales apareció en la ventana. Los ladrones creyeron que llegaba un fantasma y salieron corriendo.
Los músicos entraron, cenaron y buscaron dónde dormir.
Más tarde, un ladrón volvió para revisar la casa. En la oscuridad vio los ojos del gato y creyó que eran brasas.
Al acercarse, el gato bufó y sacó las uñas.
El ladrón retrocedió. Tropezó con el perro, que ladró; salió al patio, donde el burro levantó las patas. Desde arriba, el gallo soltó su canto.
El hombre huyó.
—¡Hay una bruja, un guardia, un gigante y un juez! —les contó a sus compañeros.
Los ladrones decidieron quedarse lejos.
Al amanecer, los cuatro animales seguían allí. Habían encontrado comida, techo y compañía. Bremen podía esperar.
Y esperó tanto que nunca llegaron: se quedaron a vivir en aquella casa.
Para platicar: ¿qué veía el ladrón y qué había en realidad? ¿Qué podía hacer cada animal que ayudara a los demás?
Versión de Idunn a partir de «Los músicos de Brema», de Jacob y Wilhelm Grimm, traducción de José S. Viedma, en Cuentos escogidos (Gaspar, 1879). Acortamos el viaje, suavizamos las amenazas iniciales y sustituimos mordidas y golpes por sobresaltos. Conservamos el plan de los animales, el susto del ladrón y la casa donde se quedan.
5. El zapatero y los duendes
Para compartir de 4 a 7 años · de 2 a 3 minutos · para la hora de dormir.
Al zapatero le quedaba cuero para un solo par de zapatos. Lo extendió sobre la mesa, cortó las piezas y guardó sus herramientas.
Mañana las cosería.
A la mañana siguiente encontró los zapatos terminados. Los levantó, miró las suelas, siguió las costuras con el dedo. Cada puntada estaba en su lugar.
Un cliente los compró. Con ese dinero, el zapatero consiguió cuero para dos pares.
Esa noche cortó las piezas y las dejó sobre la mesa.
Por la mañana, dos pares de zapatos lo estaban esperando.
Los vendió y compró cuero para cuatro.
De noche dejaba las piezas. De mañana encontraba los zapatos. La tienda empezó a llenarse de trabajo y en casa alcanzaba para vivir.
Una noche, cerca de Navidad, su esposa le dijo:
—Quedémonos despiertos. Me gustaría saber quién nos ayuda.
Se escondieron y dejaron una luz encendida.
A medianoche entraron dos duendecitos sin ropa. Subieron a la mesa, tomaron las piezas y empezaron a coser.
Sus manos iban y venían. Puntada tras puntada, un zapato apareció junto al otro. Cuando terminaron, se marcharon.
Al día siguiente, la esposa buscó tela.
—Voy a hacerles ropa.
El zapatero preparó unos zapatos diminutos.
Esa noche dejaron camisas, pantalones, calcetines y zapatos sobre la mesa. Luego se escondieron otra vez.
Los duendes llegaron a la misma hora. Buscaron el cuero y encontraron los regalos.
Se pusieron las camisas. Se acomodaron los pantalones. Movieron los pies dentro de sus zapatos nuevos.
Qué bien les quedaba todo.
Bailaron sobre la mesa, saltaron de una silla a otra y se fueron bailando por la puerta.
Desde entonces, el zapatero y su esposa siguieron adelante con la tienda. Nunca volvieron a ver a los duendes.
La mesa quedó lista para el trabajo del día siguiente. Guardaron las herramientas, apagaron la luz y se fueron a descansar.
Para platicar: ¿cómo agradeció la pareja la ayuda? Si ya tiene sueño, pueden guardar la pregunta para mañana.
Versión de Idunn a partir del relato I de «Los enanos mágicos», de Jacob y Wilhelm Grimm, traducción de José S. Viedma, en Cuentos escogidos (Gaspar, 1879). Acortamos las descripciones, usamos «duendes» y añadimos el cierre con la luz apagada para bajar el ritmo. Conservamos el regalo y la despedida.
6. Bebé y el señor don Pomposo
Para compartir de 6 a 10 años · de 2 a 3 minutos · un cuento del escritor cubano José Martí.
Bebé tenía cinco años y muchas preguntas. Quería saber cómo crecían las flores, de dónde venía la luz del sol y quién hacía la seda del vestido de su mamá.
Cuando llegaba la noche, todavía le quedaban ganas de dar vueltas en la cama.
Pero aquella noche estaba quieto, con los ojos cerrados.
Estaba pensando en Raúl.
Los dos primos habían visitado con su mamá al señor don Pomposo. Era un hombre muy estirado, con una gran cadena y una piedra brillante en la corbata.
Al ver a Bebé, don Pomposo se levantó. Le dio la mano, le quitó el sombrero y lo recibió con muchos saludos.
Raúl se quedó sentado en un sillón, con su sombrero entre las manos. Don Pomposo pasó de largo.
—Mira lo que tengo para ti, Bebé —dijo.
Sacó un manojo de llaves, abrió un cajón y le entregó un sable dorado. Le abrochó el cinturón y lo llevó frente al espejo.
—Esto cuesta mucho dinero.
Bebé miró el sable. Relucía.
Luego miró a Raúl.
Su primo seguía en el sillón. Tenía los ojos puestos en el regalo y la cara triste.
Esa era la cara que Bebé recordaba ahora, en la cama.
Abrió los ojos. El sable estaba sobre el tocador. La lámpara iluminaba el puño dorado.
Bebé imaginó cómo se vería montado a caballo, llevando su sable, como los generales. Después volvió la cabeza hacia la otra cama.
Raúl dormía.
Bebé levantó la cobija despacio. Sacó un pie, luego el otro, y caminó de puntitas hasta el tocador.
Tomó el sable con cuidado. El cinturón colgaba de su mano.
Se acercó a la cama de Raúl y dejó el regalo junto a su almohada.
Mientras lo acomodaba, empezó a sonreír.
Su primo todavía dormía. El sable dorado se quedó allí, esperando que abriera los ojos.
Para platicar: ¿por qué el regalo deja de gustarle a Bebé durante la visita? ¿Qué decide hacer sin que nadie se lo pida?
Versión de Idunn a partir de «Bebé y el señor don Pomposo», de José Martí, en La Edad de Oro (1889; texto en Project Gutenberg). Omitimos los preparativos del viaje, la enfermedad de la madre y las comparaciones del narrador para seguir la visita y la decisión de Bebé. Conservamos el sable junto a la almohada.
¿Qué cuentos cortos con autor y título se pueden leer?
Para la tarea de diez cuentos cortos con autor y título, la lista reúne los seis de arriba y cuatro lecturas para otro día. Los enlaces abren las ediciones de partida; los relatos de Grimm y Martí son más extensos allí que en nuestras versiones.
| Título | Autor | Para compartir | Dónde leerlo completo gratis |
|---|---|---|---|
| La zorra y la cigüeña | Félix María Samaniego | 2–4 años | Project Gutenberg, libro I, X |
| El cuervo y el zorro | Félix María Samaniego | 5–7 años | Project Gutenberg, libro V, IX |
| Juan con suerte («Juan en la prosperidad») | Jacob y Wilhelm Grimm | 5–7 años | Wikisource, traducción de Viedma |
| Los músicos de Bremen («Los músicos de Brema») | Jacob y Wilhelm Grimm | 5–7 años | Wikisource, traducción de Viedma |
| El zapatero y los duendes («Los enanos mágicos», I) | Jacob y Wilhelm Grimm | 4–7 años | Wikisource, primer relato |
| Bebé y el señor don Pomposo | José Martí | 6–10 años | Project Gutenberg, La Edad de Oro |
| La zorra y las uvas | Félix María Samaniego | 5–7 años | Project Gutenberg, libro IV, VI |
| El león y el ratón | Félix María Samaniego | 5–7 años | Project Gutenberg, libro IV, XII |
| El ratón de la corte y el del campo | Félix María Samaniego | 5–7 años | Project Gutenberg, libro I, VIII |
| La lechera | Félix María Samaniego | 8–10 años | Project Gutenberg, libro II, II |
Las edades orientan la lectura acompañada. Las ediciones antiguas conservan escenas y vocabulario de su época: en Los músicos de Brema, los animales escapan de amenazas de muerte. Conoce esa versión antes de compartirla.
Para el cuaderno, anota el título y el autor del original. Si leyeron nuestra versión, se añade «versión de Idunn».
¿Qué cuento corto leer según la edad?
Elige por lo que tu peque quiere escuchar hoy. Las edades orientan; tú puedes poner la voz cuando todavía le cuesta leer el texto por su cuenta.
De 2 a 4 años: empieza por La zorra y la cigüeña. Muestra con gestos el pico y el hocico; deja que repita «toc, toc». Si pierde el hilo, vuelvan al plato.
De 5 a 7 años: El cuervo y el zorro ofrece un truco para descubrir; Juan con suerte, cambios para anticipar; Los músicos de Bremen, animales con distintas voces. Pueden detenerse justo antes de que caiga el queso o empiece el concierto.
De 8 a 10 años: elige Bebé y el señor don Pomposo para conversar sobre lo que decide reparar. También pueden releer a Juan: ¿todos los cambios le convenían?, ¿qué le importa al final?
Con bebés, comparte los sonidos de los animales y una escena breve. Un libro de cartón con imágenes permite señalar mientras cuentas. La Academia Americana de Pediatría anima a leer juntos desde la primera infancia.
Para quien empieza a leer, ofrece un diálogo conocido del cuervo y lleva tú la narración. Un cuento corto puede tener palabras difíciles; haberlo escuchado permite volver a una frase que le guste.
¿Cómo leer en voz alta un cuento corto para que funcione?
Conoce el final antes de compartir el cuento. Después deja espacio para que tu peque escuche, repita o te interrumpa con algo que encontró.
La Fundación Leer recomienda leer pausadamente y distinguir las voces. La Academia Americana de Pediatría propone dejar que elijan, repetir el libro y conversar sobre lo que creen que sucederá.
- Haz una pausa antes del cambio. Detente antes del «¡Craaa!». Quizá tu peque quiera avisarle al cuervo que cuide el queso.
- Cambia un poco la voz. El zorro puede hablar muy amable; la cigüeña, despacio. Pueden repartirse los sonidos de Bremen.
- Deja que adivine. Antes del primer intercambio de Juan, pregunta si lo haría. Luego sigan la historia.
- Repite su frase favorita. El «le pesaba en un hombro, le pesaba en el otro» puede decirse entre los dos.
- Elige una pregunta al terminar. Si señala otro momento, sigan por ahí.
En el salón puedes repartir los sonidos de Bremen entre grupos; tú das la señal del concierto. Si ya sabe leer, las ideas para leer en voz alta cuando ya saben leer ayudan a compartir turnos.
Cuentos cortos para dormir
Para esta noche, empieza por El zapatero y los duendes. Repite las noches y las mañanas con el mismo ritmo. Cuando lleguen los regalos, baja la voz; el final deja la mesa preparada y la luz apagada.
Las preguntas pueden esperar hasta mañana. Los sustos de Bremen y los cambios de Juan pueden quedar para una tarde de voces y risas. Los cuentos para dormir reúnen otras historias para compartir antes de acostarse.
¿Cómo inventar un cuento corto con tu peque?
Empiecen con su nombre y algo que quiera conseguir el personaje. Tú escribes mientras tu peque cuenta, o deja cinco espacios para dibujar:
- Había una vez… Su nombre y el lugar donde vive.
- Todos los días… Algo que suele hacer allí.
- Hasta que un día… Algo que cambia esa costumbre.
- Por eso… Lo que hace para responder.
- Al final… Cómo queda todo después de su decisión.
Pregúntale qué pasaría si encontrara los zapatos diminutos del zapatero. Deja que elija por dónde seguir. Al escuchar las cinco frases, fíjense en si lo que hace responde a lo que le pasó.
Si el final le salió primero, guárdenlo y busquen cómo llegar hasta él. Tienes más ideas en cómo escribir un cuento con tu peque como protagonista y en las preguntas para encontrar ideas de cuentos en familia.
¿Dónde encontrar más cuentos cortos gratis o para imprimir?
La tabla de títulos y autores abre diez textos completos y gratuitos. Para explorar más, sigue por sus colecciones:
- Project Gutenberg: Fábulas de Samaniego y La Edad de Oro, de Martí, con formatos para descargar.
- Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes: Los músicos de Brema y otros cuentos en la traducción de Viedma.
- Wikisource: Cuentos escogidos de los hermanos Grimm, con una versión para imprimir.
Para imprimir esta selección, copia a un documento el cuento que quieras, o los seis, con su título y su nota de versión. Con letra cómoda y párrafos separados se leen bien en papel. Para guardarlos en PDF, elige «Guardar como PDF» en el cuadro de impresión.
Si buscan cuentos cortos ilustrados, deja espacio para que tu peque dibuje la torre de animales o el sable en la almohada. Pregúntale qué momento eligió y guarda su dibujo junto al texto.
La propuesta de Idunn
En Idunn buscamos alimentar la curiosidad de quienes leen y de quienes acompañan. Estos cuentos dejan preguntas sobre cómo invitar, descubrir un truco o hacerle un lugar a alguien. Elijan uno para hoy y guarden otro para mañana.
Fuentes
- Samaniego, Félix María. Fábulas. Edición anotada por Miguel de Toro Gómez. París: Librería Armand Colin, 1902. Libro I, VIII y X; libro II, II; libro IV, VI y XII; libro V, IX. Project Gutenberg, libro electrónico 55206.
- Grimm, Jacob y Wilhelm; José S. Viedma (trad.). Cuentos escogidos de los hermanos Grimm. Madrid: Gaspar, 1879. «Los músicos de Brema», pp. 85–90; «Juan en la prosperidad», pp. 132–139; «Los enanos mágicos», relato I, dentro de pp. 286–290. Textos también disponibles en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.
- Martí, José. La Edad de Oro, 1889. «Bebé y el señor don Pomposo». Project Gutenberg, libro electrónico 19898.
- Fundación Leer. «Sugerencias para leer en voz alta», s. f.
- American Academy of Pediatrics. «Ayude a su hijo a disfrutar de la lectura en voz alta: consejos para los padres», 2018; «Más allá de la alfabetización: la lectura compartida desde la infancia ofrece beneficios para toda la vida», 2024.
Consulta de las fuentes: 14 de octubre de 2026.
Registro de enlaces
Registro editorial; se excluye del cuerpo publicado.
| ID | Texto | Motivo |
|---|---|---|
| N02 | qué es un cuento y cuáles son sus características | Explicar la brevedad a partir de acciones concretas. |
| A25 | fábulas y sus características | Reconocer la forma de los dos primeros relatos. |
| A12 | cuentos con moraleja | Ampliar las lecturas y la conversación tras el cuervo. |
| A50 | leer en voz alta cuando ya saben leer | Acompañar con voces, pausas y turnos. |
| A78 | cuentos para dormir | Seguir la lectura tranquila de la noche. |
| N07 | cómo escribir un cuento con tu peque como protagonista | Darle su nombre y una decisión en el ejercicio. |
| N08 | preguntas para encontrar ideas de cuentos en familia | Ayudar a empezar una historia. |
Registro de CTA
Registro editorial; se excluye del cuerpo publicado.
| Preferencia | Tipo | Tema | Texto | Por qué |
|---|---|---|---|---|
| 1 · propuesta | descarga-gratis | lectura | Elijan un cuento para leer juntos y guárdenlo para otra tarde. Después pueden dibujar la escena que más les gustó. | Continúa la intención de leer y llevarse el texto. |
| 2 · alternativa | audiolibro | cuentos | Elijan un cuento para escuchar juntos. Pueden volver al comienzo cuando quieran repetir su parte favorita. | Continúa la lectura en voz alta mediante escucha. |
| 3 · alternativa | cuadernillo-generico | lectura | Después del cuento, elijan una actividad para compartir en la mesa. Pueden empezar por la que les dé más curiosidad. | Da continuidad a las preguntas y los dibujos. |


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