La hoja en blanco es un problema de personas adultas. Alguien de seis años tiene ideas de sobra; lo que no tiene es por qué contártelas si le preguntas «¿de qué quieres que sea el cuento?».
Esa pregunta es demasiado grande. Estas doce son pequeñas, y por eso funcionan. Van de menos a más comprometidas: las primeras se contestan sin pensar, las últimas dan el corazón del cuento.
Para calentar
- Si pudieras tener un animal que hablara, ¿cuál sería y qué diría al despertarse?
- ¿Qué crees que hacen tus juguetes cuando no estamos?
- Si encontraras una puerta en un árbol, ¿qué habría del otro lado?
- ¿Qué comida sería la más rica del mundo si existiera?
Para encontrar el problema del cuento
- ¿Qué cosa te da un poquito de miedo pero también un poquito de ganas?
- ¿Qué es lo más difícil de tener la edad que tienes?
- Si pudieras arreglar una cosa que pasó esta semana, ¿cuál sería?
- ¿Qué haces cuando algo no te sale a la primera?
Para los personajes
- ¿A quién te llevarías si el viaje fuera muy largo?
- Si un amigo tuyo fuera un animal, ¿qué animal sería y por qué?
- ¿Cómo sería alguien a quien le pasara justo lo contrario que a ti?
- ¿Quién te gustaría que estuviera al final del camino esperándote?
Qué hacer con lo que responda
Apúntalo tal cual. Con sus palabras inventadas, con la gramática rara, con el nombre que le puso al perro del vecino. Eso es lo que después hace que reconozca el cuento como suyo. Si lo traduces a idioma de persona adulta, pierde exactamente lo que valía.
Busca la pregunta 5, 6 o 7. Ahí suele estar el cuento entero. «Me da miedo que se apague la luz pero me gusta ver las estrellas» ya es una historia: alguien que sale de noche.
Una idea, un cuento. Si salieron ocho, guarda siete. Meter todo en una historia es la forma más rápida de que no funcione ninguna.
No corrijas sobre la marcha. Si dice que el dragón come nubes, el dragón come nubes. La verosimilitud de un cuento infantil no está en los hechos, está en los sentimientos: el miedo tiene que ser miedo de verdad.
Una advertencia sobre las respuestas difíciles
A veces la pregunta 6 o la 7 destapan algo que duele: un cambio de escuela, una abuela que ya no está, un hermano recién nacido que se llevó toda la atención.
Si pasa, ahí hay un cuento de los buenos, pero se escribe con cuidado: el personaje puede vivir lo mismo sin que el cuento lo explique ni lo resuelva de golpe. Los cuentos no arreglan las cosas; hacen compañía mientras se arreglan solas. Y si tu peque prefiere no hablar de eso, se cambia de pregunta y ya.
El siguiente paso
Con dos o tres respuestas ya se puede armar la escaleta. Aquí está la plantilla de ocho escenas, que es lo único que hace falta para pasar de las ideas sueltas a algo que se pueda leer en voz alta.