El guardián entre el centeno de J.D. Salinger es un clásico norteamericano que no te debes perder

flecha recomendacionesLa difícil maniobra de regresar a la juventud dentro de tiempos remotos sólo escondidos dentro del gran universo de nuestra mente suele ser mucho más sencilla con un poco de estímulo, de realidad y de honestidad. ¿Realmente fuimos el rastro de lo que ahora somos o nos escondemos dentro de lo creado como un ser aceptable? ¿Dónde perdimos esa rebeldía de fiera? ¿En qué punto cambiamos de ser libres por ser un adulto? ¿Qué nos quitaron, quién y por qué?

“El guardián entre el centeno” ha sido reconocida como una de las mejores obras del autor Estado Unidense J.D. Sallinger, uno de los grandes exponentes del conocido realismo sucio de América del Norte. Va narrándonos con la voz del joven Caufield una historia de crecimiento, de realización y de la amplia valoración sobre la marca que el mundo deja en un joven camino a la adultez.

En su historia, Sallinger usa un lenguaje fuerte y soez que va en armonía con las descripciones de una Nueva York cruda e insolente; sin miedo devela una prosa honesta, sexual y violenta que habla de la realidad en la que vive un joven de aquellas épocas, en un mundo con las heridas cicatrizantes de una guerra devastadora pero con el gran boom del ideal que es Estados Unidos.

Holden Caulfield es un muchacho problemático de diecisiete años en el brinco a la adultez y con una serie compleja de creencias y experiencias que lo han llevado, lentamente, a el punto de quiebre de su infancia. A través de la obra, el protagonista nos llevará, bajo un monólogo en primera persona, a descubrir un Nueva York de los 50 donde la vida es un poco más “sucia” de lo que las fantasías del sueño americano hacen creer.

Una noche en la alocada ciudad que nunca duerme Holden narra sus recuerdos, los eventos que le suceden, así como lo que constantemente parece un cambio dentro de su cosmogonía, vital para un joven como él. Holden recorre una ciudad fría, con el invierno encima y la blancuzcas aceras de aquella mágica urbe develan personajes extravagantes y misteriosos como la misma Nueva York.

Conforme tornemos una página y continuemos con la siguiente, devorando con hambre una historia entretenida, fuerte y sin miedo a la expresión, iremos adentrándonos un poco en nuestro propio ser y en la memoria del crecimiento que nos llevó de ser Holden Caufield al adulto que la sociedad y nuestras propias decisiones nos han llevado a construir. Quizás con un ojo más atento sobre él, e inconscientemente sobre nosotros, logremos un entendimiento mayor de lo que significa crecer.

Por Nicolás Camacho

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